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2025-05-31 06:00:00
Descender sigue doliendo. Deportiva, financiera y emocionalmente. Pero hace años que el abismo que separa la élite de la Segunda División en LaLiga ya no es tan profundo. Porque ya hace unos años que quien cae no lo hace al vacío, sino sobre un colchón económico: la ayuda al descenso. Es menos mullido que hace unas temporadas, pero su efecto estabilizador es innegable. De hecho, si hoy ese paracaídas -como le llaman los ingleses- es menos cuantioso, es porque precisamente ha empezado a dar el resultado esperado.
En la 2025-2026, Valladolid, Las Palmas y Leganés recibirán 26,4 millones en conjunto; en torno a 9 millones por equipo. Una cifra baja en términos históricos, pero suficiente para garantizar cierta ventaja competitiva sobre gran parte de sus rivales. Para ver más clara la ventaja competitiva: ese importe les permite disponer del doble de ingresos por televisión que los rivales que le disputarán un asiento en el ascensor a Primera.
¿El resultado? Hoy LaLiga EA Sports cuenta con un pool de 30 equipos que, con más o menos dificultad, rotan entre las 20 plazas disponibles. En LaLiga Hypermotion, más allá de las sorpresas, cada vez es más fácil identificar a una decena de clubes con presencia casi fija.
Esto no quiere decir que no haya milagros, como el que podría protagonizar el CD Mirandés y que nos devolvería a aquellos saltos que en su día dieron SD Eibar, SD Huesca o CD Leganés. Clubes que estarían a la cola en la clasificación por presupuesto, y que dieron la machada eligiendo muy bien sobre el césped.
Disputar el ascenso
Clubes estabilizados en Segunda lamentan que cada vez sea más complicado disputar esas tres plazas de ascenso, pero no podemos negar la virtud de este sistema de ayudas. Ha profesionalizado la gestión, obligado a los clubes a pensar en ciclos más largos y atraído a inversores que ya no descartan a un equipo por no estar en Primera. De hecho, muchos de los movimientos corporativos de los últimos años se han producido con el club en Segunda. Porque hay negocio y potencial de revalorización, siempre que haya estructura y visión.
La ayuda al descenso, aunque sujeta a normas que penalizan el efecto ascensor, ha generado una suerte de Segunda A: una zona donde sobreviven quienes saben adaptarse y gestionar con criterio. Los que bajan y no aprenden, ya saben lo que hay: una Primera Federación sin red, donde el dinero escasea y el riesgo se multiplica.
No es un sistema perfecto, pero ha dado estabilidad a LaLiga como industria. Se castiga el fracaso deportivo, pero se protege el proyecto. Y eso, en un negocio tan volátil como el fútbol, no es poca cosa.
¿Qué nos cuesta el deporte?
El deporte es cada vez más una opción de ocio más relevante, sea practicarlo o consumirlo desde el sofá. En total, los españoles destinaron 6.326 millones de euros al deporte en 2023, un 3,1% más que el año anterior y un 8,9% por encima de niveles prepandemia, según los datos hechos públicos esta semana por parte del Consejo Superior de Deportes (CSD).
El gasto sube, pero el peso sobre el presupuesto familiar sigue estancado en el 1%. La mayoría del desembolso (76,9%) fue para servicios como gimnasios, alquiler de pistas de pádel o inscripciones a pruebas populares, con una media de 101,3 euros por persona. La asistencia a eventos en directo ganó terreno: el gasto creció un 61% desde 2019 y se incorporó un millón de nuevos aficionados, aunque solo representa un 0,15% del gasto total. El gasto medio por ver deporte in situ fue de 19,5 euros. La compra de artículos para practicar actividad física supuso un 12% del total, mientras que el boom ciclista se estabiliza tras la pandemia.
#上昇はもはやそれほどルーレットではありません