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2025-12-28 10:49:00
Las instituciones corren el peligro del adormecimiento y la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició (ACGN) no era ajena al ensueño. Y en eso que llegó Carles Vilarrubí y le dio el empuje que la sacó del duermevela para espabilarla. Moverse, moverse, moverse, moverse mucho, levantar el teléfono, hablar con este y con aquel. Convencer, y conseguir.
Vilarrubí era la persona idónea para el trabajo relacional: llegaba de un mundo –de muchos mundos: el deporte, las finanzas, la política– donde la conexión y la persuasión son importantes.
Cierto que la gastronomía es lugar de encuentro –y también de desencuentro– y el presidente, listo y estratega, supo sentar a muchos en torno a la mesa: convenció a Carme Ruscalleda para que fuera vicepresidente y abrió el organismo a los cocineros, a capitanes como Fina Puigdevall y Jordi Vilà, los dos últimos nombramientos como académicos. Lea aquí el obituario de Pau Arenós.
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