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2024-08-23 14:16:44
Persigo el entendimiento, pero el entendimiento camina más rápido. Crecí escuchando a mis padres decir, prácticamente en cualquier situación, ‘cuando seas padre lo entenderás’ y llevo más de una década siendo padre y hay cosas que no termino de captar. Ya me explicaréis qué tiene que ver eso de ser padre con entender, o no, por qué hay otra vez acelgas para cenar.
Debe de ser el salto generacional. Ya que ser padre no me ha ungido con un entendimiento superior, abogo por llegar a ser abuelo sin romper nada a mi alrededor. Esa es ahora mismo mi aspiración vital más potente. El lado bueno del reto es que el paso del tiempo está de mi parte, quiero decir, el tiempo pasa solo y no tengo que hacer nada excepto aguantar y esperar. El lado malo soy yo.
Pero es imposible negar que será bonito ese momento, si llega. Quiero ser abuelo para llevar a mi nieto a un entrenamiento y que luego venga su padre aka mi hijo, y empiece a comentar con otros padres que ‘lo de antes sí era fútbol’, lo de su infancia, y que digan que ellos fueron niños duros que se curtieron en auténtico césped artificial, héroes de las partículas de caucho, y no en el césped natural perenne que habrán inventado y estará de moda en 2052.
Para jubilarme y no trabajar
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También quiero ser abuelo para ir a renovar mi abono cada verano, sin prisas y en chanclas, con una mano delante y otra mano detrás, y comentar los fichajes con desconocidos hablando por hablar, y luego ir a echar la partida al bar con los de siempre, tan normal. No se me ocurre mejor plan.
Pero sobre todo quiero ser abuelo para jubilarme y no trabajar, no lo vamos a negar. De hecho, hace poco pasé la tarde con los niños en el Parque de Atracciones de Zaragoza (ahí sí hubo un poco de ‘cuando seas padre lo entenderás’) y aproveché para contar mi célebre idea de negocio del parque de atracciones sin acción, que prefiero no volver a explicar. Lo importante del día es que se me ocurrió una nueva y revolucionaria atracción.
Acompañé a mi hija a la Casa del Terror y constaté que los zombies y esas cosas ya no dan tanto miedo. Sería mucho mejor subirse al vagón de la Casa del Terror y que fueran apareciendo asuntos realmente terroríficos para nuestra generación. Por ejemplo: el codazo de Tassotti a Luis Enrique, la lista de tareas aplazadas a septiembre, la ocasión fallada por Julio Salinas ante Pagliuca, el desequilibrio entre el crecimiento de los salarios y el precio de la vivienda, los penaltis de la Eurocopa del 96, y etecé, etecé, etecé.
También, antes de subir a la atracción del pánico, podrías decir de qué equipo eres y personalizarían las desgracias deportivas ad hoc. Después vendría un tipo a convencerte de que los años ochenta fueron como nunca fueron en realidad. Además, para terminar de hundirte, justo antes del final llegaría un señor, revisaría tu vida laboral y te diría los lustros que te quedan por cotizar para poderte jubilar. Destrozado, saldrías hecho polvo de la verdadera Casa del Terror.
El parque de atracciones del bajón.
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Desde que se me ocurrió esta idea, repaso la plantilla y los fichajes de mi equipo y trato de averiguar qué futbolistas son los principales candidatos para aparecer en un futuro en la Casa del Terror. Así soy yo: intento encarar la temporada siempre con la máxima ilusión.
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#究極の幻想エンリケバジェスター著