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2024-02-07 00:32:13
El ultraderechista Javier Milei apoyó su cabeza contra el Muro de los Lamentos y no pudo contener sus lágrimas. La visita oficial a Israel, antes de encontrarse en el Vaticano con el papa Francisco, le deparó este martes emociones espirituales y alegrías políticas. Lo recibieron allí como un héroe de la libertad. Pero desde Argentina le llegaron noticias que le provocaron enojo. El Gobierno sufrió un fuerte revés en el Congreso porque no pudo avanzar en la discusión, artículo por artículo, de la llamada Ley Ómnibus con la que intenta cambiar radicalmente la realidad económica y social de este país, atenta contra el medio ambiente, penaliza las manifestaciones y, según artistas e intelectuales, destruye la cultura al quitarle financiamiento público.
“Derrota oficialista”, tituló el diario La Nación. La ambiciosa iniciativa tuvo el peor de los resultados: debe volver a la comisión parlamentaria, como si las semanas de discusiones, con la aprobación “en general” del proyecto, el pasado viernes, no hubieran tenido lugar. Un escenario impensado días atrás para herramienta a través del cual el presidente aspira a obtener facultades excepcionales que prescinden del Poder Legislativo y que quiere utilizar para tomar deuda externa y privatizar bienes del Estado. El camino comienza otra vez desde cero. El artículo 155 de la cámara de Diputados establece que cuando un proyecto vuelve a comisión debe ser nuevamente sometido a debate en las comisiones respectivas de Asuntos Constitucionales, Legislación General, y Presupuesto y Hacienda. Nunca en la historia de la cámara de Diputados había sucedido algo semejante.
Milei hizo saber de su rabia desde Jerusalén. “La casta se puso en contra del cambio que los argentinos votamos en las urnas“. En la madrugada israelí reconoció “que no va a ser fácil cambiar un sistema donde los políticos se hicieron ricos a costa de los argentinos”. El anarco capitalista, quien en la primera vuelta electoral había obtenido un 30% de los votos, invocó el 56% de las adhesiones que tuvo en el segundo turno. Ese es el porcentaje de argentinos que, aseguró, sostiene su programa. “No estamos dispuestos a negociarlo con quienes destruyeron el país”. Por último, advirtió: “vamos a continuar con nuestro programa con o sin el apoyo de la dirigencia política que destruyó nuestro país”.
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Consulta popular
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El ministro del Interior, Guillermo Francos, no descartó que el mandatario convoque a una consulta popular en abierto desafío al Parlamento. De inmediato, numerosos legisladores le recordaron que para que un plebiscito tenga efectos vinculantes debe ser antes aprobado por el Congreso y por una amplia mayoría que los “libertarianos” no tienen en ninguna de las cámaras.
Oscar Zago, jefe del bloque de La Libertad Avanza en Diputados, dijo que el partido oficial no ha sufrido “ninguna derrota ni un paso atrás”. El propio Milei se encargó de refutarlo con su flamígero trino en la red social X. De hecho, la “Oficina del Presidente” acusó de inmediato a los gobernadores provinciales de bloquear a la también llamada Ley Base. La coalición de derechas, Juntos por el Cambio, que viene respaldando los proyectos del Gobierno, lamentó que Milei arremetiera contra los políticos en general sin hacer distinciones.
“Hay una intención de obstruir la acción del Gobierno”, dijo el ministro Francos. “Seguiremos gobernando con los elementos que tenemos”. Francos se enteró por los medios de comunicación del fracaso parlamentario y responsabilizó a la oposición de lo sucedido. “La política no se hace eco de lo que votó el pueblo argentino. La sociedad votó un cambio y la dirigencia no lo convalida. Esa es la gran disputa”.
Derrota anunciada
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Al comenzar la sesión, la ultraderecha, con la ayuda de la derecha tradicional y otros compañeros de ruta, habían aceptado otorgarle “superpoderes” a Milei para poner en marcha la desregulación absoluta de la economía y subastar los bienes estatales. Sin embargo, al momento de discutir los detalles de esas atribuciones, los diputados fijaron fuertes límites en materia económica, energética y de seguridad. El oficialismo comenzó a percibir que algo andaba muy mal. Ya había hecho numerosas concesiones a sus aliados: de los 664 artículos originales de la Ley Ómnibus quedaron 386. Para evitar el naufragio, el Gobierno se había visto obligado a retirar el paquete de medidas de índole fiscal. Los desacuerdos con la “oposición amigable” no se solucionaron por completo. El tema de las privatizaciones terminó de hundir el proyecto.
El peronismo lideró el rechazo. Germán Martínez, el presidente del bloque de diputados de ese partido, sostuvo que los legisladores oficialistas “no sabían de qué se trataba” el texto porque no lo habían leído con profundidad. Su colega partidaria, Victoria Tolosa Paz señaló que el Gobierno se ha dado cuenta de que “llevarse puesta (embestir) la democracia y las instituciones no le va a resultar fácil” porque “no se puede gobernar de espaldas al pueblo”. El izquierdista Nicolás del Caño atribuyó el fracaso de la ultraderecha a las protestas de “los miles que se movilizaron a pesar de la represión feroz”. Ahora, dijo, hay que “voltear” el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), que busca remover la legislación laboral y limitar el derecho a huelga, entre otras medidas draconianas.
[–>Malas señales económicas
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En este contexto, el Banco Central (BCRA) corrigió sus proyecciones inflacionarias para el presente año, de 213% a 227%. El aumento de los precios es consecuencia de problemas heredados de la gestión anterior pero, especialmente, de la devaluación del 118% de la moneda local dispuesta apenas se inició la era Milei. El efecto recesivo comienza a ser perceptible. Así lo reconoció Claudio Drescher, presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI). Las ventas han caído un 30%, un desplome histórico que coloca al sector “en una situación muy pero muy compleja”.
#アルゼンチンミレイ氏議会で大敗