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2025-08-31 06:00:00
Sonríe feliz, en paz. Dice que si la hubieran dejado sola con un papel y un bolígrafo no habría sido capaz de dibujar un adiós más bonito, con la que será siempre la primera victoria de la historia de la selección española femenina de voleibol en un Mundial. “Ha sido una victoria histórica. Ha sido algo espectacular y brutal. Acabar así es un privilegio. Me retiro con sueño hecho realidad“, dice Maria Segura (Barcelona, 1992), historia viva del voleibol español.
España volvía a un Mundial 43 años después de su única participación y ha hecho historia. Esa primera vez, en 1982 en Perú, se cerró con tres claras derrotas por 3-0: ante Japón (15-0, 15-2 y 15-0), Bulgaria (15-3, 15-7 y 15-5) y México (15-5, 15-7 y 15-8). Este 2025 se ha beneficiado de la ampliación de plazas, de 24 a 32, y ha vivido tres días inolvidables: ante Turquía peleó (0-3: 18-25, 20-25 y 23-25), ante Canadá ganó los primeros sets de su historia en un Mundial (2-3: 25-22, 26-28, 26-24, 16-25 y 10-15) y ante Bulgaria, el miércoles, logró su primera victoria (3-1: 25-22, 25-14, 22-25 y 25-18), con Segura como MVP. España, con cinco catalanas entre las 14 convocadas, no ha pasado la fase de grupos, pero deja Tailandia satisfecha.
Patricia Llabrés (Castelldefels, 1996), otra jugadora clave, admite que aún no ha tenido tiempo de pensar qué ‘souvenir’ llevará a casa. Pero que el recuerdo ya está en la maleta. En el debut se le pusieron los pelos de punta. “Casi me dieron ganas de llorar”, relata. Jugar un Mundial “era casi imposible”, algo siempre reservado a otros países. Segura cuenta que de pequeña y ya de mayor no se perdía un Mundial o unos Juegos Olímpicos y sentía “impotencia”. “Sentía que nunca podría llegar a un sitio así porque era una cosa tan lejana que era como inimaginable. Somos mejores que equipos africanos, asiáticos o suramericanos, pero no podíamos ir porque el nivel europeo es muy alto y era muy difícil“. Nació en 1992, el año de los Juegos de Barcelona: los únicos que ha jugado la selección femenina.
Un deporte ‘de chicas’
Segura quería jugar a fútbol, pero en esa época no había equipos femeninos. Empezó a jugar a voleibol porque era el destino habitual de la mayoría de niñas en su escuela: “Todas se iban al vóley y dije: ‘Pues yo quiero jugar a vóley también'”. Llabrés destacaba en el tenis, pero explica que cuando la cosa se puso seria, antes de llegar a la ESO, decidió pasar al voleibol. “Cuando salía de clase veía a mis compañeras con sus mallas y sus calcetines largos y me hacía gracia”, recuerda. “Era algo normalizado: ‘Hago voleibol porque todas las chicas lo hacen'”, afirma.
El voleibol es uno de los principales deportes femeninos del territorio, quizá por haber ofrecido desde siempre un entorno más amable y menos hostil que otros deportes por esa abundancia de jugadoras. 12.547 de las 18.553 licencias de Catalunya en 2024 eran femeninas: un 68%. 85.657 de las 121.711 licencias de España en 2024 eran femeninas: más de un 70%. En España le superan en número absoluto de licencias femeninas el baloncesto (157.432), el fútbol (109.874) y las entidades excursionistas (105.053), pero no en porcentaje: 36%, 9% y 37%. En porcentaje solo le superan la gimnasia (93%), el baile deportivo (83%) y la hípica (75%).
Pero a pesar de ser un deporte tan relevante, sobre todo en el ámbito femenino, o quizá precisamente por esto, tiene muy poca visibilidad. Tan poca que los tres partidos del Mundial por ejemplo no se han podido ver en abierto, solo por televisión de pago. Apenas han salido en las noticias. “Ha sido muy triste. Hace unos minutos me ha llamado mi madre y me decía: ‘Joder, es que he puesto la tele y han nombrado que si el Mundial de rítmica, que si el Mundial de rugby y vosotras no habéis salido en ningún lado. Al final es como: ‘Oye, ¿tanto cuesta que se nos vea aunque sea una vez?'”, dice.
Instagram autogestionado
Admiten que da “mucha, mucha” rabia sentirse invisible. Las propias jugadoras crearon y gestionan el Instagram de Las Leonas del Vóley, “para darnos un poco de repercusión”, explica Segura. Dice que es “triste” que para salir en los periódicos sea necesario superar la excelencia deportiva, como ha pasado con el baloncesto femenino. En sus inicios la falta de referentes por el anonimato del vóley era tal que cuando le decían que ella tal vez podía llegar se preguntaba a dónde. La enorme mayoría de jugadoras lo dejan al llegar la edad de ir a la universidad porque no se ve un camino. “Ojalá el voleibol tuviera la importancia que se merece”, suspira. “Necesitamos más de los demás”, asiente. Simplificando: no hay profesionalismo porque no hay patrocinios porque no hay repercusión porque no hay visibilidad. “Todo es como un pez que se muerde la cola”, lamenta. Dice que en Italia se juega en los patios de los colegios y en los parques porque el voleibol se ve en la televisión.
Segura llegó al primer equipo del Barça y a los 22 años emigró a Italia y luego a Alemania, donde cada fin de semana hay 2.000 o 3.000 personas en las gradas. Para vivir deel voleibol toca salir de España. Llabrés también ha jugado en Alemania y en la última temporada ha sido reconocida como mejor receptora y mejor líbero y ha ganado la Liga con el Schwerin. Perdieron la Supercopa contra el Stuttgart de Segura, campeón de liga el año anterior.
Segura había decidido que se retiraba hace un año, pero no podía permitirse perderse el Mundial. Les ha regalado a sus 13 compañeras un colgante con una leona: “Hemos hecho conseguido una cosa muy, muy preciosa”.
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